He podido jugar mucho al golf durante los meses de verano, aprovechando el buen clima que estos meses ofrecen para jugar este juego apasionante.

Recuerdo con mucha claridad la primera vez que se me presentó el reto de meter las temidas pelotas de golf al objetivo, esto es, al hoyo.

¿Qué tan difícil puede ser eso? Al principio solo notas que son movimientos muy básicos, sin embargo, conforme te vas adentrando a este mundo, descubres que el golf es un deporte increíblemente difícil.

Tratar de meter una pelota pequeña, en un pequeño agujero a cuatrocientos metros de distancia con una barra doblada de metal es lo suficientemente loco.

Pero luego agrega que solo tienes cuatro golpes para hacerlo y parece francamente ridículo.

Sin duda, es uno de los deportes más difíciles para convertirse en el mejor.

Esto significa que jugarlo e intentar mejorarlo conduce inevitablemente a la frustración y la irritación.

Por lo tanto, mientras practicas tu swing cada vez que pasas por un espejo o construyes un putting green improvisado en tu sala de estar o en la oficina, definitivamente son signos de comienzas a tene un problema con el golf, el más común es que seguimos retrocediendo a pesar de la constante insatisfacción.

Sé que este es el caso para mí.

Aunque soy conocido por practicar mi backswing en plataformas de trenes, el hecho de que todavía estoy ansioso por inscribirme para la próxima medalla del club, a pesar de las pésimas actuaciones, demuestra claramente rastros de lo que se llama “adicción” a este loco y hermoso juego.

Otra de las cosas que vuelve a este juego muy adictivo es que todas las edades pueden jugar juntas, haciendo uso del sistema de desventaja para que podamos desafiarnos el uno al otro.

No vayamos muy lejos, por ejemplo el viernes pasado, mi principal compañero de golf y yo nos vimos en el campo de golf para jugar.

Fuentes: PGA ,YouTube y El Universal 

Al llegar, tuvimos nuestro habitual encuentro y conocimos a dos miembros de la casa club que estaban en sus preciados 70 años y que estaban por llegar al primer tee.

Todos decidimos agruparnos y disfrutar de una ronda, eligiendo convocar a su hora de salida asignada.

Sin embargo, no solo comienzas a sentirte integrado a un juego donde las generaciones son amplias entre sí, sino que también llegas a ver las famosas “brechas generacionales”.

A qué me refiero, bueno que mientras me afanaba buscando mi guante, mi amigo dobló la esquina con uno de estos nuevos carros eléctricos, disfrutando de su naturaleza y su movimiento sin esfuerzo.

Lo curioso de esto es que mi compañero tiene escasos 24 años y llegó con su carrito de última generación mientras que nuestros ilustres compañeros, estos dos “hombres de mundo con gran recorrido” estaban felices (y emocionados) por tirar de sus palos en un carrito normal.

Puedo entender las razones detrás de este carrito, pero a cualquier persona menor de 70 años o que esté en forma y saludable no se le debe permitir usarlo, se pierde ese sabor del juego mismo.

Creo que una gran parte de este deporte a nivel amateur es la posibilidad de pasear por el campo, relajarse y conversar con diferentes generaciones.

Así que la idea de que un joven de 20 y tantos años esté utilizando la ayuda para caminar por un campo de 18 hoyos es alucinante.

En fin, la cuestión es que seguiremos viendo nuevas tecnologías en manos de los más jóvenes y continuar con tradiciones de antaño con los jugadores más grandes, pero lo mágico de estos encuentros es que todos… chicos y grandes, tenemos un amor e incluso, una adicción por este bello deporte.

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