Aún recuerdo la sensación de mi llegada a México después de unas vacaciones en Estados Unidos.

Era la primera vez que salía de mi país con toda la inexperiencia que eso conlleva.

Si bien disfruté mi viaje y fui conociendo su comida y sus sabores, definitivamente hubo algo que no logré olvidar de mi México… su fruta.

Al entrar a sus grandes almacenes y ver la fruta me abalanzaba para comprar algo solo que… o estaba muy cara o bien… muy verde o peor aún, era diferente a lo que tenemos.

Por ejemplo, cuando entré al super la primera vez en Minnesota estaban acomodando una fruta llamada mamey.

El mamey es altamente nutritivo y es originario de México y América Central, donde crece en un gran árbol ornamental.

La fruta tiene un tamaño que va desde el aguacate hasta el tamaño de un balón de fútbol americano y tiene una cáscara gruesa de color marrón.

El color de la fruta se describe así… color mamey y no puedo describirte su sabor y textura.

Lo más cercano en textura sería el aguacate y en sabor… ninguno, lo que sí te puedo decir es que cuando te toca un buen mamey, este es super dulce y sabe a gloria.

Por esta razón cuando ví que lo estaban acomodando inmediatamente fui para escogerlo… me detuve en seco porque, mientras lo que aquí costaba una pieza en México podía comprar 3 kilos.

Obviamente solo aprecie la fruta de lejos.

Desistí después de un par de incursiones y bueno, continué conociendo nuevos sabores y texturas.

De regreso a México, lo primero que le pedí a mi mamá fue fruta… cuando fuera por mi al aeropuerto.

Entra a Nueve Nueve

Fue muy original el recibimiento de mi mamá en el aeropuerto porque, en lugar de llevar flores me llevo una cesta de fruta lista para comer.

Literalmente nos fuimos a la zona de comida y disfruté de mi recibimiento comiendo guayabas, uvas, ciruelas, manzanas, plátanos, duraznos… ufff

Me dirás que soy exagerada pero… es un hecho que la fruta que tenemos es no solo variada, también es accesible y contamos con cosas tan especiales como exóticas.

Gracias a esta gran variedad, nuestros chefs (desde nuestros antepasados) han hecho platillos y postres que se han ganado un lugar muy especial en los paladares: los ates, la fruta cristalizada, pasteles, helados y nieves, en fin…

Pasado mi primer reencuentro con mi país, mi mamá me llevó a uno de los restaurantes de la Colonia Roma, siendo mi favorito el Bristol Nueve Nueve.

Ubicado en la Casa Lamm en la Av. Álvaro Obregón, Nueve Nueve retoma nuestros sabores entre un ambiente relajado. Aquí tienen postres como el flan de guayaba, el cheescake de guanábana, helados, entre otros.

El fin de semana siguiente, fui con un grupo de amigas a un bufette en la Av. Reforma y ahora comprendí por qué los extranjeros llenaban sus platos de fruta.

Ver por ejemplo en ese buffete el extenso surtido con papaya, mango, duraznos y uvas nos resulta a los mexicanos algo más que normal porque se suelen tener en casa.

Pero cuando viajas y buscas estas frutas que suelen ser básicas, sencillamente no las encuentras o tienen un precio alto.

Dicen que los viajes ilustran y por otro lado, te ayudan apreciar lo que tienes.

REFERENCIAS: México Desconocido || Nueve Nueve || YouTube